Pedro Salinas
Fernando Barranzuela Ramírez
La obra de Pedro Salinas abarcó la poesía, el teatro, el ensayo y la crítica literaria. Sin embargo, el español es reconocido sobre todo por sus poemas de amor, los cuales contienen una fuerte carga antropológica.
Nacido en Madrid en 1891, Salinas es comúnmente ubicado dentro de la llamada “generación del 27”, a la que pertenecen Jorge Guillén, amigo suyo y con quien mantuvo comunicación epistolar; Rafael Alberti; Federico García Lorca, quien comentó sus obras; Dámaso Alonso y Luis Cernuda; entre otros.
La obra del madrileño es mucho más intimista y trascendental, desde el punto de vista antropológico, que la de sus coetáneos. Salinas aspira a dejar un poco de sí en cada uno de sus poemas. Pretende explicar no sólo el amor, la poesía o el mar, sino su propio ser a través de estos elementos.
Algunos poemas del español, sobre todo de La voz a ti debida, son utilizados para explicar temas antropológicos básicos, como el sujeto y la sustancia. A continuación, analizaremos algunos de sus versos, no sin antes apuntar que Salinas no titulaba sus poemas. Nos referiremos a cada uno de ellos con el primer verso.
En “Tú vives siempre en tus actos…”, Salinas describe a su amada como el comienzo del mundo, una especie de primer motor inmóvil. Es ella, o sus actos, lo que da inicio a la vida. “La vida es lo que tú tocas”, dice. El español plasma en este poema la cuestión de la actualidad del ser humano. La primacía del acto sobre la potencia es el tema central del poema, y es llevado al extremo cuando dice “Y si una duda te hace / señas a diez mil kilómetros, / lo dejas todo, te arrojas / sobre proas, sobre olas, / estás allí, con los besos, / con los dientes la desgarras: / ya no es duda. / Tú nunca puedes dudar.”
La duda, identificada con la potencia, es desarmada por el sujeto cognoscente, y no desarma sólo su propia duda, es decir, no actualiza sólo su propia potencia, sino que perfecciona al amante, al darle acto por medio del amor.
Si bien en el poema se identifica al ser amado con el acto total, con una especie de Absoluto, este puede ser interpretado en un plano más cercano a la realidad humana. Se refiere al acto de ser del hombre; y describe cómo los humanos se perfeccionan unos a otros y se vuelven más actuales en la medida en que entreguen su libertad al bien de los demás.
En la última estrofa del poema, Salinas redondea la noción antropológica que se intuye desde el principio: que los humanos se perfeccionan como tales al amarse. Después de aparentemente elevar a su amada a la categoría de Absoluto, le da naturaleza humana al describir su imperfección, la cual nace del deseo de aquella por el “yo poético”.
En pocas palabras: mi amada es casi una diosa, y su única imperfección es quererme. De repente uno se hubiera imaginado que el poeta lo diría en positivo: Nos damos actualidad mutuamente; pero sigue siendo interesante la figura Tú actualizas mi potencia, pero yo también te doy forma humana porque te doy potencia, contingencia. Al final, se trata de una simbiosis ontológica, como la sociedad misma.
En “Sí, por detrás de las gentes…” Salinas “busca” a su amada más allá de lo sensible, y la busca para conocerla hasta lo más mínimo, y la conoce para amarla más. El poema habla de la sustancia del sujeto amado y de la necesidad del amante por conocerla. El “yo poético” busca más allá de los accidentes y de lo que él sabe o “siente” de ella.
Pero es imposible hablar del sujeto sustancial en Salinas sin mencionar su más célebre poema, el 14 de La voz a ti debida, que comienza con el verso “Para vivir no quiero…”. En él, el madrileño lleva la extremo su propuesta y exclama “Te quiero pura, libre, / irreductible: tú.” Propone vivir más allá de los pronombres, de las etiquetas.
El poema logra transmitir no sólo la búsqueda de lo más íntimo del ser amado, sino también parte de la dicha de haber alcanzado tal grado de intimidad y conocimiento mutuo: En medio de todo, te llamaré. Sólo tú me responderás, y sabrás que soy yo. El afán por la contemplación de la amada puede llegar incluso a ser contraproducente. “Lo que eres me distrae de lo que dices”, comienza el poema 34 de La voz a ti debida.
Espera al ser amado más allá de las palabras, los deseos, los caprichos pasajeros. Refugiado en la eternidad de la sustancia, Aguarda a que el tiempo se lleve lo que interesa hoy. Esto es una especie de determinismo: Puedes cambiar de parecer, pero al final vas a llegar a mí.
La riqueza del fondo es propia de Salinas. Quizás ningún otro poeta contemporáneo en español haya sido tan ambicioso como él en lo que se refiere al significado de la poesía. Como filósofo y profesor universitario, hay que reconocer el carácter explicativo, casi pedagógico diría, con el que escribe de temas de filosofía. Su léxico sencillo y sus construcciones minimalistas nos ayudan a entender el amor a través de la metafísica, y viceversa.
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